viernes, 2 de agosto de 2013

Quizás los besos que no se dan son los que más duelen.

Llevo mucho tiempo pensando en el día en el que tú volvieras, las ganas que tendría de verte y darte un beso, pero como era de esperar en el momento que te vi supe que quizás todo se habría enfriado. Después de 15 días sin verte fue como si la vida quisiera volverme a joder, simplemente fue mi sensación pero cuando me acerqué a ti después de besos y caricias simplemente me diste dos besos. Fueron los dos besos más difíciles de mi vida, lo juro. Darle dos besos a la persona con la que has compartido noches de besos sin final, duele. 
Me pasé el resto del día calentándome la cabeza por tu reacción, hice como si nada hubiera pasado pero cada vez tenía más ganas de ti, no podía olvidar esa sensación de que ya nada era como antes.
Me destrozaste con dos simples besos que podrías darle a cualquiera. Por mucho que me dijeran que simplemente tenías un mal día en casa yo seguía pensando que la culpa era mía.
Al fin decidí hablar contigo y preguntarte qué te pasaba y tras tu explicación me sentí aliviada pero estaba claro que ese beso que no nos dimos nos dolió a ambos. 
Nuestras miradas eran simplemente nuestras, nos mirara quien nos mirara, nos hablara quien nos hablara, cuando nuestras miradas se cruzaban el tiempo se paraba.
Hicimos como que todo a nuestro alrededor hubiera desaparecido y simplemente pasamos a devorarnos con la mirada, era todo lo que nos quedaba en ese momento. 
Pero después de todo, no estás aquí y yo sigo esperando a que vuelvas otra vez y quiero que todo vuelva a ser lo que era antes de irte porque, aunque me cueste un mundo decírtelo, te he echado mucho de menos.